Coloquio tras la intervención de
Jesús Emilio Pérez Pinto, “Connotaciones biológicas en la obra de Ortega”
[ Conversaciones sobre Ortega · I. N. B. “Príncipe de Asturias” · Moreda de Aller, miércoles 16 de marzo de 1983 ]
Gustavo Bueno Martínez.– Ante todo deseo felicitar al ponente, porque su disertación ha sido francamente interesante a mi juicio, y creo que al de todos, a juzgar por los aplausos. Yo creo que sí, desde luego, ha planteado el problema en los términos justos, pero como antes habíamos empezado la discusión, quiero simplemente enlazar con ella, como es obligado.
Entonces, la exposición del señor Pérez Pinto corrobora lo que ya habíamos dicho: que cuando se habla de darwinismo se habla de cosas equívocas, muy amplias y muy heterogéneas, y que por de pronto, según lo que me parece que él ha dicho, inmediatamente se distinguen dos grandes grupos de utilización de la palabra “darwinismo”: uno aplicado como metodología general de tratamiento de los cambios biológicos en general y otro aplicado al caso concreto del origen del hombre, que en principio podría ser un caso particular del anterior, pero que en principio son dos cosas distintas. Si se quiere, entre ambas perspectivas habría la diferencia que hay entre lo genérico y un caso particular, pero acaso no sea así.
Bueno, lo que quiero decir, para abreviar, es lo siguiente: que si distinguimos dos grandes conjuntos de sentidos de la palabra “darwinismo” tal como se utiliza habitualmente en estos contextos, referido a la tesis sobre el origen del hombre, concretamente el Oreopithecus en El origen de las especies de Darwin, tesis que es muy repetida, como sabemos todos, por antropólogos actuales, entonces aquí la discusión se plantea principalmente en cuestiones muy concretas de carácter ideológico, central en toda cuestión de antropología, acerca del origen del hombre concretamente, cualesquiera que sean los mecanismos biológicos generales de evolución, el origen del hombre y la línea genealógica del Homo sapiens. Esa es la cuestión.
Y en este sentido es evidente que la tesis de Darwin sobre la línea genealógica del Oreopithecus u otra cosa parecida es, me parece, la más seguida actualmente por todos los antropólogos y paleontólogos, y por tanto se puede decir, ahora lo podemos discutir, que la tesis de Ortega resulta anticuada en este punto concreto. E incluso sorprendente, ¿verdad?, dado que se acoge a estas exposiciones, concretamente de Klaatsch y otros, que hoy resultan claramente ideológicas y gratuitas, aunque tienen una tradición muy amplia. De manera que, por un lado, esto es lo que hablábamos antes.
Ahora bien, aquí se nos ha expuesto de un modo admirable toda la otra perspectiva: lo que significa el darwinismo y antidarwinismo de Ortega, y estoy de acuerdo con todo lo que al respecto se ha dicho; y quizá se me ocurre, a ver qué opina el ponente, una matización de carácter histórico. Cuando se habla de darwinismo y de cómo Darwin introdujo todas sus categorías biológicas conjuntamente con Wallace, &c., se olvida una figura esencial, que es la de Spencer. Y Herbert Spencer, que como es bien sabido no es un biólogo, ni mucho menos, sino un ingeniero metido a filósofo, creó realmente todos los principales conceptos que después utilizó Darwin. Entre otras cosas, el concepto de evolución, de selección natural, de adaptación y, concretamente, toda la doctrina de Spencer, a la que el propio Darwin reconoce en sus obras explícitamente, en concreto, la discusión entre Spencer y Darwin entre adaptación y selección natural. Claro, porque la noción de selección natural es más bien de tipo darwiniano.
Quiero decir lo siguiente: que me parece que quizá se podría sostener la tesis de que el antidarwinismo de Ortega, ya en el rigor histórico, es más bien antispencerismo, por esta razón, porque la teoría de la selección, aunque se considera muchas veces como equivalente, lo cierto es que la teoría de la evolución de Darwin no implica necesariamente la producción de caracteres fenotípicos a partir del medio, por cualquiera de los caminos que sean, sino la preexistencia de un material previamente dado que el medio va seleccionando. Es decir, la teoría de Darwin en el fondo no está bien interpretada, me parece a mí, por Ortega tal como realmente puede extraerse de la propia teoría de Darwin. En el caso de Spencer, sí. Y entonces quizá en cuanto al fondo de la cuestión sí estamos de acuerdo, que Ortega era antidarwinista y en este sentido, me parece a mí, Ortega estaba anticuado en el punto del origen del hombre. Pero en el capítulo general que se nos ha expuesto ahora, quizá el antidarwinismo de Ortega yo creo que se podría llamar antispencerismo, para ser más rigurosos históricamente.
Esto tiene mucha relación con todo lo que se llama el darwinismo social, que es lo que tiene más importancia en Ortega. Es bien sabido que el darwinismo social es sobre todo un spencerismo, porque el darwinismo fue un spencerismo biológico. Esto coincide, en cierto modo, con la famosa observación de Marx, cuando dice Marx que Darwin vio en el reino animal la sociedad burguesa de su tiempo ¿no? Es decir, que según Marx, Darwin interpretó la relación de los animales al modo como se relacionaba la sociedad burguesa en cuanto a la lucha por la vida, &c., y la aplicó allí. Realmente esto es spencerismo otra vez, es Malthus, &c. Es otra vez spencerismo. Y entonces, efectivamente, todas las intercalaciones que usted nos ha expuesto muy bien, lo de Von Uexküll, lo de De Vries, orientan efectivamente otro tipo de biología que seguramente es enteramente sostenible. Pero lo que yo quiero decir es que no creo que se pueda llamar a eso antidarwinismo, en el sentido filológico riguroso. Que se le llame así, de acuerdo; pero que eso sea antidarwinista, considerando a Darwin como un mecanicista, &c., yo no lo sé, porque la teoría de la selección natural no implica eso, me parece a mí. En el caso de Spencer, sí. Es más: la propia noción de evolución, y con esto termino, quien inventa la palabra y la generaliza en todos los campos, no solamente el biológico, es Spencer precisamente. Es decir, la utilización de la palabra “evolución”, no como concepto biológico, que es un concepto darwiniano, sino como un concepto realmente filosófico, porque, ya digo, es evolución de los elementos químicos, evolución de los astros, evolución absolutamente de todo: todo evoluciona y, por supuesto, evoluciona el lenguaje después. Entonces esta idea generalísima de evolución, que ya no es una idea biológica, es de Spencer también. Y seguramente de ahí brotan muchas características de tipo mecanicista como era propio, con todos los respetos, de un ingeniero. Bueno, por ahí va.
Yo preguntaría entonces, simplemente por hacer una pregunta al ponente, si le parece que se puede sostener, por lo menos, esta distinción entre estos dos grandes sentidos del darwinismo que estamos aquí utilizando, porque si no puede darse lugar, me parece a mí, a que el público, o gran parte del público, saque una confusión monumental sobre el asunto. Es decir, si para hablar de darwinismo conviene por higiene mental diríamos distinguir en él lo que se llama darwinismo aplicado a la línea genealógica, concretamente del origen del hombre, a ese aspecto concreto, que tiene un valor ideológico extraordinario, que se ve además claramente. Vamos, esto no es caso de exponerlo, pero el componente ideológico de esta cuestión es de primer orden. Y me parece a mí que Ortega no estaba muy consciente de los componentes ideológicos que hay en esta discusión. Es decir, que la cosa es tremenda ¿verdad?, el hecho de seguir la línea genealógica o no y considerarlo como accidental para lo que él llama concepto de cultura. En este punto yo creo que es distinto de lo que hablábamos antes, de la otra perspectiva general que aquí se nos ha expuesto, en donde las cuestiones se plantean de otro modo distinto. Luego, la relación entre ambas es mucho más complicada. Pero yo por eso simplemente le preguntaría si estaría de acuerdo en esa distinción de principio en cuanto a núcleos de problemas diferentes que se plantean o si no estaría de acuerdo con esta distinción, cuando hablamos del darwinismo de Ortega o del antidarwinismo de Ortega.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– Sí, en principio sí. Ahora bien, una cosa son las ideas y otra cosa es su fundamento. Entonces, lo que se ve es que la discusión, que va evolucionando también, se va planteando en muchos términos que van quedando obsoletos a medida que se van descubriendo cosas. La evolución es para mucha gente problemática todavía, aunque cada vez menos. Naturalmente para los que somos biólogos es algo casi evidente. Lo raro es encontrar gente que lo cuestione. Entonces, algo que me parece de todas maneras importante son las consecuencias que pueden derivarse, por ejemplo, de los nuevos descubrimientos de la bioquímica, concretamente el del DNA, el hecho de que estén perfectamente localizados los caracteres invariantes de la herencia, así como los descubrimientos, recientes también, sobre la invarianza de principio de esos caracteres. Y, por último, la realización de lo que se puede llamar y llaman algunos –es curioso, porque desconociendo estas cosas habla también de ello Ortega– el proyecto que se realiza con relación al plan que marcan los genes. Claro, lo que viene luego, y en eso es donde no puedo opinar, es el planteamiento de las distintas ideologías: cómo se ha producido la primera célula, o, mejor dicho, el primer mecanismo, los primeros genes, la primera molécula del DNA. Entonces, claro, si eso se supiera, se sabría el origen de la vida, se sabría el origen del hombre…
Gustavo Bueno Martínez.– No, pero yo dije del hombre, no de la vida.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– Y de la misma vida, porque hay una cosa que está clara, y es que, en el nivel orgánico, la bioquímica ha demostrado que prácticamente todos los organismos, todos los principios orgánicos, son similares en todos los seres vivos; y esa es una de las pruebas en las que se apoya la teoría evolutiva. Es decir, si la energía química está en forma de ATP en el hombre, está en forma de ATP en una ameba, está en forma de ATP en cualquier organismo, en una planta, si es algo universal, entonces…
Gustavo Bueno Martínez.– Perdón, una cosa muy importante es que, de acuerdo completamente, pero yo creo que son temas completamente distintos. Estoy de acuerdo completamente con lo que está diciendo, pero la cuestión es la siguiente: que cuando hablamos del origen del hombre, los problemas ideológicos que se plantean en el contexto de Ortega son totalmente distintos de esto, aunque están relacionados. La distinción, la diferencia del problema del origen del hombre está en relación con el racismo. Es el problema central, y estos son problemas que quedan muy lejos para hablar del origen de la célula. Es el problema del racismo, es decir, si las tres razas, négridos, mongólidos y európidos, tienen que ver directamente: los európidos con los chimpancés, los négridos con los gorilas y los mongólidos con los orangutanes; es decir, si resulta que estas tres clases de póngidos son parientes más o menos cercanos de los europeos. De lo que se trata es más o menos de establecer una especie de poligenismo, y de ahí la necesidad de disociar completamente unas razas de otras y la selección de los materiales paleontológicos para encontrar, no ya al hombre, sino a la raza blanca precisamente, una genealogía que la preserve de la contaminación de otras razas, y entonces la cuestión del origen del hombre y su genealogía es totalmente esencial. Se ve claramente ahora por las discusiones sobre el Neanderthal. Es una cosa clarísima que las discusiones de la línea genealógica están directamente vinculadas con la cuestión del racismo, y entonces la ideología aquí funciona a toda máquina, y estos problemas no se plantean acerca del origen de la célula, se plantean en otros lugares. Porque, claro, como eso abarca a todos, ya ahí quedamos lo mismo negros, blancos, chinos, amarillos, chimpancés y todo lo que se quiera. Y entonces yo insistía por eso en la necesidad de disociar los dos grupos de problemas, porque el segundo grupo es el que Ortega trata de un modo especial y distinto del otro. Yo estaría dispuesto, y me parece muy acertada la conclusión, a reconocer que Ortega es mucho más actual en el segundo grupo de problemas que se ha planteado que en el primero.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– Es más, en el problema del origen del hombre pienso que hay algo clarísimo: creo que hay un salto, y él mismo lo da. Ortega, cuando plantea el mito del hombre inadaptado, utiliza ese término, mito; es decir, que no tiene una base científica. Hay algo ahí que él ni imagina. Entonces, claro, ahí lógicamente ya entra el componente ideológico.
María Remedios García González.– Hay dos puntos que quería tocar. Uno sigue la línea de don Gustavo, y el otro la última parte de la disertación del compañero Emiliano. En el primer caso, creo que Ortega no es antidarwinista. Lo que pasa es que Ortega seguía el vaivén de las corrientes neodarwinistas que estaban esbozándose. Entonces hay que pensar que Darwin no conoció la genética, que la genética empezó en 1900. Darwin no podía dar más de sí, y creo que esto está en el ánimo de todos. Pero Ortega sigue el vaivén de toda una corriente que no era anti-Darwin, sino que aportaba algo a Darwin, y por eso podía parecer que era antidarwinista. Creo que ahí hay un punto que todavía se podía concretar más.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– No, no. No estoy de acuerdo.
María Remedios García González.– Bueno. El segundo punto: pienso que lo más importante, a mi modo de ver, de Ortega es su segunda parte, cuando aporta, por ejemplo, a las ciencias medioambientales unas disertaciones magníficas sobre el paisaje, con su famosa expresión “los árboles no me dejan ver el bosque”… Pienso que eso es toda una apología de la ecología, teniendo en cuenta los dichos ecológicos, las sensaciones, el sotobosque, los estratos vegetales que lógicamente hay que apreciar en un bosque. Me parece que ésta sí es una apreciación biológica por encima de todo.
Gustavo Bueno Martínez.– “El paisaje con corza al fondo”.
María Remedios García González.– Sí. Y la parte referida a Darwin no ha sido contemplada por Ortega con justicia.
Gustavo Bueno Martínez.– Yo insistiría otra vez en la distinción, insistiría en las distinciones.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– Ortega mismo se confiesa antidarwinista, y creo que he explicado a lo largo del trabajo cómo es lógico que lo sea, porque Darwin falla en cuestión de genética. Entonces, ¿cómo encajar el darwinismo, la evolución con las nuevas teorías, la nueva genética que está apareciendo? En el momento en que se encaja es cuando surge el neodarwinismo. Pero es lógico que hay cosas que no se pueden aceptar hoy de Darwin, sobre todo la teoría de la herencia, porque es totalmente falsa, y eso está comprobado científicamente. Entonces, en ese sentido, es lógico que sea antidarwinista, y es lógico que lo sea mucha gente.
José María Laso Prieto.– [Oviedo] Yo precisamente quería tratar de matizar un poco más este problema en el sentido siguiente. Aparte de que ya el origen del hombre lo dejo de lado, porque suscribo íntegramente el planteamiento del profesor Gustavo Bueno, esa es una cuestión que incluso, aparte ya del famoso proceso sobre el mono en el estado de Tennessee en la década de los años treinta, independientemente de posiciones aisladas que puedan tener un carácter, diríamos, ya casi surrealista, no hay posibilidad actualmente de sostener una posición contraria al proceso de evolución mediante mecanismos transformistas. El problema que yo quería plantear es la concepción general de Ortega en relación al darwinismo, que se define explícitamente como antidarwinista en el sentido siguiente: en una perspectiva epistemológica yo diría que es una generalización apresurada que Ortega hace de la denominada “crisis del darwinismo” que se da a comienzos de siglo con el descubrimiento por una parte de los hallazgos de Mendel, que estaban semiocultos; de la teoría de las mutaciones de De Vries y, en consecuencia, se discute, no la evolución, no el proceso, sino su mecanismo concreto tal y como fue concebido por Darwin. Precisamente Ortega, que ya supera la década del treinta y fallece en la década del cincuenta, muy posiblemente porque su curiosidad intelectual le llevaría a ello, tuvo que conocer que ya la síntesis moderna de la genética con el darwinismo en forma neodarwinista había rectificado esas generalizaciones apresuradas de carácter epistemológico que él formuló en las décadas del veinte y del treinta.
Jesús Emiliano Pérez Pinto.– Bueno, a mí algo que sí me ha sorprendido por lo que he ido viendo a lo largo de la evolución del pensamiento de Ortega es que varía muy poco. Lo que él al principio comprende sobre estos temas lo sigue manteniendo siempre. Quizá los amplía, quizá pueda estar yo equivocado, no sé.
En cuanto a la cuestión de lo del proyecto, yo no tengo ideas muy claras de una teleonomía como dicen algunos, porque es que, a pesar de algunas aportaciones, a raíz del descubrimiento del ARN mensajero, como por ejemplo en las obras El azar y la necesidad de Monod, y La lógica de lo viviente de Jacob, &c., reconociéndose que primero está la aparición de la primera molécula que logra reproducirse, después se reconoce lógicamente que tiene que realizarse el mensaje o proyecto que dicha molécula encierra dentro de sí. Es decir, tiene que expresarse el genotipo en un fenotipo, y esto está perfectamente marcado en los genes. Monod y Jacob, a pesar de ser Premios Nobel a un tiempo y participar de los mismos descubrimientos, lo interpretan de forma diferente. Yo no sé cómo pensar esto, porque, efectivamente, se podría alimentar ahí de nuevo una teleología o teleonomía; y unos lo apoyarán diciendo que el origen de esa molécula reproductora es Dios, pongamos por caso, una creencia; otros dirán, como por ejemplo Monod, que es el azar, y después es una necesidad; otros, como Jacob, dicen que lo importante, el principio, fue la reproducción, y que el objetivo y fin y proyecto de todo ser vivo es la reproducción. Yo, en esas cosas, aparte de que tampoco manejo con demasiada soltura muchos términos filosóficos, como mecanicismo, vitalismo, &c., que tienen detrás diferentes matices y sentidos, no me defino, porque me parece que eso trasciende el plano científico y es ya terreno de la ideología.
José María Laso Prieto.– Precisamente esa era mi tesis: que todo lo que sea llevar posiciones ideológicas a ese campo de hecho ya hace perder el estatuto de cientificidad, y es lo que realmente se debate en ese problema, como es la polémica actual sobre el sociobiologismo, que tiene evidentes connotaciones ideológicas, y también incluso un cierto intento de utilizar la biología molecular, no en un sentido ideológico, sino, en algunos casos, en un sentido precisamente opuesto, de un mecanicismo que negase especificidad al nivel biológico. Eso es pura ideología.
Saturnino Álvarez Turienzo.– Solamente quiero hacer una indicación en el sentido de que a mí me gustaría volver a traer las cosas a Ortega y Gasset, porque pueden ser muy interesantes todas las cosas que se digan en biología ahora, pero la ponencia versa sobre las connotaciones biológicas en la obra de Ortega y Gasset. Ahora bien, insisto en que, vista la vida desde la obra de Ortega y Gasset no solamente es, sino que tiene que ser lógicamente antidarwinista. Lo cual no quiere decir que no admita que en el plano de la discusión científica los científicos vayan por la vía de Darwin hasta donde lleguen. Pero llega un momento en el cual Ortega reconoce que la vida es algo más complejo de lo que se dice y se puede decir con la metodología y las categorías utilizadas en la ciencia exacta. Y lo que es verdaderamente ideológico, siguiendo la línea de discurso de Ortega y Gasset, es extrapolar conocimientos que se obtienen por los procedimientos de discurso causal, mecanicista, positivista… que todo eso lo admite Ortega y Gasset, pero afirmando que tiene un límite. Ahora bien, extrapolar eso y decir que el fenómeno vida se agota con este tipo de conocimientos, Ortega diría que es ideológico, y, por consiguiente, inadmisible. Porque la vida no es reductible a lo científico, tal como él entiende la vida, en su comprensión, con sus métodos, métodos fenomenológicos ya en las fechas en que escribe en concreto Meditaciones del Quijote y en que, por consiguiente, analiza el bosque de la herrería, &c., que no tiene nada que ver con la ecología. Tiene que ver con la comprensión fenomenológica, y por consiguiente con métodos no analíticos, sino intuitivos. El querer entender o leer Meditaciones del Quijote en términos analíticos es leer esa obra ideológicamente, desde fuera de ella. Insisto en que desde la filosofía de la vida de Ortega y Gasset es imposible que una explicación adecuada del fenómeno vida sea la que pueda dar el darwinismo.
Gustavo Bueno Martínez.– Perdón, yo quisiera manifestar…
María Remedios García González.– Perdón ¿me permite contestar? Porque no sé si me han entendido cuando hice la referencia al bosque. No digo que Ortega sea un ecólogo, no he querido decir eso. Quiero decir que ha hecho una apología a lo que luego iba a ser la ecología, creo que he dicho eso, referido concretamente al ecosistema bosque, que no es sólo los árboles, sino todo lo que vive en equilibrio con ellos. Eso es lo que he querido decir.
Gustavo Bueno Martínez.– Respondo a Turienzo, que nos conocemos desde hace tantísimos años, con verdadero afecto siempre, pero como si fuéramos mónadas leibnizianas, porque es imposible, no hay nada que hacer: el lenguaje de uno resbala sobre el otro y es exactamente igual. De manera que vamos a hacer una demostración de que somos mónadas leibnizianas; pero, vamos, para terceras mónadas, no para nosotros. A mí me parece muy bien que se intente reconducir la discusión a los términos de Ortega, que es donde estamos. De acuerdo, eso me parece perfecto. Pero me parece, ¡oh mónada!, que también hay mucha ideología en esas palabras. Lo cual no tiene nada de particular.
Quiero decir que se está intentando defender y presentar a Ortega como alguien que nos está instruyendo de algún modo sobre la necesidad de distinguir el método estrictamente científico-positivo-llamado-mecanicista, &c., &c., lo cual es muy discutible (que el método científico-positivo sea mecanicista, &c.), de las extrapolaciones, &c., &c. Y por tanto, si no he entendido mal se está un poco salvando a Ortega en el sentido de que su antidarwinismo era obligado por sus presupuestos ideológicos, olvidando en primer lugar, me parece a mí, todo lo que aquí hemos estado intentando distinguir de la gran cantidad de significados que tienen las palabras darwinismo y antidarwinismo, y por consiguiente hay que precisar. Y, particularmente, y vuelvo otra vez a insistir, a mí no me parece que se pueda salvar, simplemente, aunque sea el momento de su centenario, precisamente por serlo, a Ortega, en el sentido de presentarle, en este punto concreto de la genealogía de la especie Homo sapiens sapiens, cuando es una cuestión en la que Ortega tomó partido de un modo decidido; y además lo tomó, no por la hipótesis contraria, sino indicando que es indiferente una u otra, porque la cultura, según él, no obliga a una cosa u otra. A mí me parece que la cultura, en el sentido de Ortega, obliga precisamente a informarse de lo que dicen los científicos. Y decir que hoy no da lo mismo decir ocho que ochenta, en una palabra, para decirlo rápidamente. Y aquí me parece que lo que Turienzo viene a decir es que da lo mismo ocho que ochenta; o por lo menos que Ortega es lo que está diciendo. Bueno, es un modo rápido de decir las cosas.
Saturnino Álvarez Turienzo.– No, no, no, perdón…
Gustavo Bueno Martínez.– Bueno, siga la Monadología.
Saturnino Álvarez Turienzo.– No, eso es necesario corregirlo, porque una de las cosas que no deben hacer, ni siquiera las mónadas aisladas, es poner en paradoja las cuestiones. Creo que ni Ortega ni yo decimos que da lo mismo decir ocho que ochenta. Vuelta la cosa por pasiva, sería lo mismo que decir: señores, en el mundo hay ocho, y nosotros sabemos que hay ochenta. Y sigo volviendo por pasiva: lo que quiere decir Gustavo Bueno es que hay ocho y no hay más en el mundo, no hay ochenta. No: hay ocho y ochenta. Ahora, no da lo mismo decir ocho que ochenta.
Gustavo Bueno Martínez.– No, no, somos mónadas.
Antonio Rodríguez Huescar.– Muy brevemente quiero decir que tengo la impresión de que se ha desplazado el tema. (Perdónenme ustedes la voz, porque tengo una faringitis tremenda, pero espero que se me oirá). Se ha desplazado el tema en el sentido de que se están discutiendo aquí teorías biológicas cuando Ortega no es un biólogo. Es decir, se están enfocando las opiniones que Ortega haya podido verter sobre el origen del hombre, o el origen de las especies o la naturaleza de la vida biológica, como si Ortega fuese un biólogo, y Ortega no es un biólogo, sino un filósofo. Y es un filósofo de primera categoría. Y es un filósofo que dedicó a lo largo de su vida tantas horas a la meditación sobre un tema absolutamente nuevo –la palabra “absolutamente” quizá sea exagerada– sobre un tema nuevo, que es el de la vida humana entendida biográficamente y no biológicamente, que no se le puede pedir que estuviese al día en matemáticas, en física, en ciencias biológicas, &c., &c., sino que tuviese la información, que esa sí la tenía, básica, fundamental, que él necesitaba para desarrollar su teoría metafísica de la vida humana. Entonces, lo que está perfectamente claro en Ortega, y creo que es lo importante y lo que hay que destacar, es la diferencia esencial entre el hecho vida humana y el hecho vida en el sentido biológico: la vida en el sentido biográfico o histórico y la vida en el sentido biológico. Y eso está perfectamente claro en Ortega.
No entro en el fondo de las teorías biológicas, en primer lugar porque no soy biólogo, pero le interesaban aquellos biólogos del día, por ejemplo von Uexküll, en conceptos que podía él utilizar para su propia teoría, por ejemplo el concepto de Lebenswelt, &c.; como le interesan, por ejemplo, en Einstein, hablando de física, una serie de aspectos de su teoría que podían confirmar o hacer de alguna manera más plausible o más inteligible su propia doctrina. Entonces Ortega disponía de un tiempo limitado –yo también, por supuesto, voy a terminar– para dedicar su pensamiento a aquello que le interesaba fundamentalmente, y para haber obtenido una información exhaustiva en las distintas ciencias particulares tendría que haber descuidado una serie de temas en los que ha aportado ideas verdaderamente fundamentales y de una validez no sólo española, sino europea y universal, que no hubiera podido aportar si hubiera tenido que informarse de esa manera detallada y exhaustiva en todos los campos de las ciencias positivas. En ese sentido digo que temo que se ha desplazado el tema.
Gustavo Bueno Martínez.– Bien, de acuerdo. Rapidísimamente, yo creo que no se ha desplazado el tema. Estoy de acuerdo en mucho de lo que se ha dicho aquí, pero creo que no se ha desplazado. Hay que demostrarlo. Resumo lo que quiero decir en dos o tres proposiciones muy rápidas. Estamos todos de acuerdo en que no se le pueden exigir a Ortega conocimientos biológicos, sobre todo que no existían en la época, aun cuando ya hay que exigirle más, como decía Laso, en obras importantes que podía él haber conocido, como la cuestión de Huxley, &c.; pero en principio no hay por qué exigírselo. De acuerdo completamente. Pero concretamente me parece a mí que cuando estábamos discutiendo esta cuestión no reprochábamos, yo en particular no reprochaba a Ortega en absoluto el que fuera antidarwinista en esta cuestión concreta de la genealogía del hombre, porque excuso decir la cantidad de discusiones que hay actualmente sobre el Australopithecus, &c. ¡Cómo se le va a reprochar esto! Yo no le reprochaba esto, ni mucho menos. Lo que le reprochaba es, precisamente por su gran categoría filosófica, porque si no, no habría que reprochárselo, precisamente por su gran categoría, opinión que comparto plenamente, y por eso estamos aquí, desde luego; lo que le reprochaba, en lo que discrepaba de él, lo que me parecía ideológico, sencillamente, es el haber, no ya opinado sobre una cuestión, no haber desconocido, sino el haber…
Antonio Rodríguez Huescar.– Perdón, es que no he entendido bien lo del término “ideológico”.
Gustavo Bueno Martínez.– En el sentido marxista de la expresión. En el sentido en que se utiliza ordinariamente hoy día el término “ideológico”; un episodio de la falsa conciencia, si se quiere, en el sentido marxista precisamente, que procede de Hegel y de Marx. En ese sentido.
Antonio Rodríguez Huescar.– Es que es un término equívoco.
Gustavo Bueno Martínez.– No, no. Yo creo que no es equívoco. Yo creo que la palabra “ideológico” dentro de una cierta tradición está totalmente utilizada y acuñada. Es por ejemplo el sentido de Mannheim en Ideología y utopía, es el de Max Weber; es decir, que hay toda una tradición copiosísima que procede de Marx precisamente…
Antonio Rodríguez Huescar.–Si es en ese sentido concreto, niego que Ortega tenga implicaciones ideológicas.
Gustavo Bueno Martínez.– Bueno, un momento, justamente entonces era mi tesis, que no intento demostrarla, sino simplemente recogerla, porque no se va a estar negando algo en vacío. Es decir, no estoy hablando en vacío, señor mío, estoy hablando en concreto. Mi tesis es la siguiente: que en el caso concreto de la cuestión genealógica lo importante de la actitud de Ortega no es ya que haya desconocido o conocido una corriente, una teoría y otra, que estoy de acuerdo completamente en que esto no se puede exigir y eso es evidente. Lo que me parece que tiene más interés, más importancia, en cuanto al análisis de Ortega en sus componentes ideológicos, lo que me parece de importancia, es el criterio general que ha sostenido en una cuestión tan importante como es la cultura precisamente cuando dice que no es propio de una cultura, que no pertenece a la cultura el elegir una tesis u otra tesis en cuestión tan importante como es la línea genealógica del hombre. Esta indeterminación, y abundando en su talento crítico, empieza en la exposición al apuntarse claramente a las teorías de Klaatsch, y después, como ve quizá que es muy fuerte tomar partido por ahí, dice que en todo caso es indeterminado. La simple indeterminación de esta cuestión es lo que yo llamo ideológico, por las implicaciones que tiene de todo tipo, y que sería aquí realmente, me parece, inadecuado el exponer, sobre todo porque faltan por exponer hoy otras ponencias, por lo visto.
Conversaciones sobre Ortega. Actas de las I Jornadas Culturales de Aller, edición preparada por Ana Esther Velázquez Fernández & Belinda Álvarez Álvarez. Temas Alleranos I, Instituto Nacional de Bachillerato “Príncipe de Asturias”, Moreda de Aller, Marzo 1983, páginas 274-284.
(Se ha salvado la errata de los editores al transcribir el nombre de Hermann Klaatsch [1863-1916], citado por Bueno.)
Fundación Gustavo Bueno