Coloquio tras la intervención de
Luis Jesús Llaneza González, “Ortega y la ciencia de su tiempo”
[ Conversaciones sobre Ortega · I. N. B. “Príncipe de Asturias” · Moreda de Aller, miércoles 16 de marzo de 1983 ]
Alberto González Menéndez.– Usted afirmó que Ortega se declaraba antidarwinista; ¿cómo explica entonces el origen de la vida?
Luis Jesús Llaneza González.– Pues mira, sinceramente yo no lo sé. Y creo que debo explicar por qué. Date cuenta de que las notas que capto de Ortega son entre líneas, porque se trata de un rastreo. Yo me imagino que Ortega era macroevolucionista. Lo único que puedo decir es que él dice taxativamente que no es creacionista. No puedo evaluar el tema porque no soy especialista en biología, sí en otras materias científicas. Habría que seguir todo el ciclo filosófico de Ortega para conocer bien ese campo. En mi humilde opinión era macroevolucionista, pero pregunta a don Emiliano, especialista en biología, que hablará un poco más tarde y probablemente él te dará alguna solución.
Gustavo Bueno Martínez.– Inicialmente quería haber hecho yo un comentario, pero si se me permite terciar en esta cuestión, que a mí me interesa mucho, y a reserva de lo que diga don Emiliano, por supuesto, que está mucho más enterado que yo del asunto, yo creo, me parece a mí, que el antidarwinismo de Ortega hay que matizarlo mucho, claro. Porque cuando se habla de Darwin se habla de muchas cosas a la vez. Eso nos lo explicarán después un poco en detalle. Es decir, que antidarwinismo no quiere decir no admitir el transformismo, por supuesto; y en ese artículo que tiene sobre el hombre y el mono, que es cuando él evoca la doctrina de Klaatsch, por ejemplo, se ve, yo creo, claramente lo que quiere decir. Sencillamente, me parece a mí, lo que no es es reduccionista, porque reacciona contra la interpretación adaptacionista, ya que no supone ninguna novedad que la vida humana se pueda considerar como un episodio de la vida biológica. En fin, que no es reduccionista, en una palabra, y que todas las tesis de la selección natural, &c., van por otro lado, aunque sin embargo le influyen profundamente. Pero yo no creo que de ahí se pueda deducir, cuando se dice que Ortega es antidarwinista, que es, antievolucionista. Eso sí, lo que invierte son las relaciones, y seguramente eso es lo que hace más anticuado, creo yo, a Ortega hoy día.
Luis Jesús Llaneza González.– Sí, pero es muy curioso: Ortega quizá esté hoy, por el momento, en el camino de la biología actual. Ahora, él hace, a lo largo de sus obras, tres o cuatro…
Gustavo Bueno Martínez.– No sé, ¿eh?, no sé, no sé, usted mismo lo dirá.
Luis Jesús Llaneza González.– Bueno, ya veremos, nos lo dirá el técnico. [RISAS].
Gustavo Bueno Martínez.– No sé, no sé. Bueno, el técnico nos lo dirá, porque me parece a mí que hoy día para los biólogos todas las teorías de tipo reptiliano y demás están fuera de lugar, ¿no? Y sin embargo es por donde va Ortega.
Luis Jesús Llaneza González.– Sí, pero es muy curioso, porque él, en sus declaraciones formales, verdaderamente hace siempre gala de antidarwinismo, y eso lo encontré en cuatro o cinco ocasiones taxativamente, y si quiere busco datos, porque aparece…
Gustavo Bueno Martínez.– No, no, si él lo dice explícitamente. Pero las referencias son bien claras: lo de Klaastch es decir, que el hombre no viene del mono, pero no porque proceda de un acto de creación o cosas similares, o porque simplemente proceda –tesis que hoy día está muy de moda– de los extraterrestres, que es un modo de no ser darwinista hoy día [RISAS]. Tampoco va por ahí. A mí me parece que uno de los puntos claves en los que habría que tratar esta cuestión es la inversión de la cadena, que hoy día admiten todos los antropólogos, de la descendencia del hombre a través del Pithecanthropus, Australopitecus, primate, Oreopithecus, &c., &c. Y. entonces Ortega lo que hace es invertir esta cadena siguiendo una tradición que él mismo cita de finales del siglo pasado, y que dice que es muy vieja. Es más, llega a decir, que en el fondo a la verdadera cultura no le importa una tesis sobre la otra –me parece que dice así, casi literalmente–, que la verdadera cultura no consiste en saber o determinar si el hombre viene del mono o si el mono desciende del hombre, para decirlo así, de un modo grosero; que las dos cosas pueden ser, tesis que efectivamente está muy de actualidad, sobre todo la teoría de los chimpancés, que todos ya sabemos. Es decir, la Asociación para la defensa de los derechos del Chimpancé [RISAS], que está muy de moda, y la Declaración de los derechos del Chimpancé. Y Ortega, precisamente, se mete con los chimpancés. Pero de todas formas, dejaremos esto para más adelante, porque es un tema central.
Pero a mi juicio, me parece a mí que Ortega precisamente en esa declaración de indeterminismo, donde dice que a la cultura le tiene sin cuidado en principio una tesis u otra, por ejemplo la de Darwin, pongamos por caso, que ponía al Oreopithecus en línea directa, o la de Klaastch, que la remonta hasta un protovertebrado, &c., &c., este hecho es a mi juicio, de todo lo que hace Ortega, lo más anticuado hoy día, ¿verdad? Porque yo creo que hoy día no se puede decir esto. Hoy día se podrán sostener posiciones distintas, pero la polémica es central, porque controla totalmente nuestra concepción del hombre el adoptar una posición u otra. El hecho de que Ortega parezca no dar importancia a esta decisión yo creo que es muy significativo para juzgarle. Pero, en fin, esto lo veremos después. Ahora yo lo que quería simplemente era preguntar al ponente, abundando en la observación tan interesante que ha hecho al final acerca de…
Luis Jesús Llaneza González.– De la falta de referencias a la ciencia española en la obra de Ortega.
Gustavo Bueno Martínez.– Pues eso, de la omisión de los nombres de los científicos coetáneos de Ortega.
Luis Jesús Llaneza González.– Vuelvo a resaltar la necesidad de una biografía adecuada de Ortega que nos permitiera profundizar en determinados aspectos de su vida que tienen que ser muy significativos. Entonces, si queremos establecer hipótesis, usted sabe perfectamente que podríamos establecer tres o cuatro factibles. Pero, claro, sin conocimiento en profundidad de la persona y de sus actuaciones humanas es muy difícil de juzgar. Y yo me he encontrado con ese problema. O sea, no hay referencias anteriores en este aspecto. Ahora bien, lo que sí está claro es que Ortega en su juventud fue un defensor acérrimo de la necesidad de ciencia en España. Y no sólo eso, sino que además –por eso a mí me extraña mucho más– yo tengo recogido en mi nota treinta y tres un texto, que es un poco largo, pero del que voy a leer unas líneas, porque creo que es interesantísimo al respecto de lo que usted me indica. Dice Ortega: «No hay en España ciencia, pero hay un buen número de mozos ilusos dispuestos a consagrar su vida a la labor científica, con el mismo gesto decidido, severo y fervoroso con que los sacerdotes clásicos sacrificaban una limpia novilla a Minerva de ojos verdes…». Lo que está claro entonces es que Ortega conocía a una serie de jóvenes, contemporáneos suyos, que eran personas que tenían interés por la ciencia, y que lo mismo que él había estado por Europa tratando de profundizar en unos conocimientos filosóficos, harían ellos. Pues bien, cuando estos jóvenes cristalizan y regresan, ¿qué es lo que pasa entre Ortega y ellos? ¿Cuáles son los problemas que se plantearon para que un hombre de tan fecundo y amplio espectro de visión no sea capaz de citar ni a uno solo de ellos? A mí verdaderamente me ha producido estupor, porque me ha parecido paradójico, y tiene que haber razones para ello. Pero será preciso que los más profundos conocedores de Ortega, y sobre todo los que vivieron su tiempo, sean capaces de decírnoslas. Por eso vuelvo a resaltar la imperiosa necesidad de una biografía de Ortega, que aún es tiempo de hacerla, porque todavía vive mucha gente que le conoció y que puede aportar datos. Y creo que es un lapsus importantísimo, quizá, claro, motivado por esos veinte años de desconocimiento o de olvido de Ortega. Pero es muy necesario, y creo que hacia ahí deberían tender los primeros esfuerzos de la Fundación José Ortega y Gasset. Sinceramente creo que es un elemento clave, básico.
Gustavo Bueno Martínez.– Sí, sí; yo creo que sí.
María Remedios García González.– [Catedrático de Ciencias Naturales del I.N.B. de Pravia]. Respecto al punto anterior, si me permite, en mi modesta opinión, tal como decía el profesor Llaneza, pienso que Ortega iba mucho más allá que todo eso. Ortega en su tiempo tenía muy claro, cosa que no tenían otros coetáneos suyos, que desde luego el hombre no desciende del mono. Lo que pasa es que el hombre y el mono tienen antecesores comunes. Esto es algo que creo que quizá los alumnos no tienen del todo claro. Ortega, por lo tanto, no toca este punto simplemente porque lo tiene muy claro. Lo que pasa es que es un momento de la vida española en el que probablemente el tema de Darwin estaba en reposo. Pero está claro que él no es creacionista, y no porque en ese tiempo no los hubiera, cuando los hay actualmente en los Estados Unidos.
Gustavo Bueno Martínez.– Desde luego, sí, evidentemente.
José Eduardo Martínez Fernández.– Contestando un poco la pregunta de este alumno, me imagino que es de COU, a mí me parece que podría haber otra solución a esta cuestión. Supongo que Ortega podría conocer perfectamente incluso la cuestión que planteó Wallace, coformulador de la teoría de la evolución, en relación a la diferencia entre el hombre biológico y el hombre psico-social; y que Ortega, que valoraba la vida como realidad radical, admitiera de ello el transformismo en el sentido del hombre biológico, pero le costara creer que las facultades psico-sociales pudieran tener exactamente el mismo origen. Y que considerara que era un logro trabajosamente elaborado a través de la circunstancia, luchando con la circunstancia, reabsorbiendo la circunstancia. Por tanto, la vida humana no podría ser simplemente explicada a partir de la simple evolución biológica. Tal vez esto sea una respuesta al problema planteado.
Gustavo Bueno Martínez.– Bien. Ya que ahora se va centrando la cuestión, yo quisiera puntualizar algunas cosas. Creo que, como se ha dicho al principio, parece evidente, y creo que se podrían ver textos al respecto de Ortega, que Ortega, cuando plantea esta famosa cuestión, como hace a veces, en términos populares, formulando la disyuntiva de si el hombre desciende del mono o el mono del hombre, es claro que aquí “mono” pues se refiere a los póngidos, por ejemplo. Y lo que dice Ortega es que el hombre no viene de los póngidos, ni de parientes suyos del Plioceno, por ejemplo, eso lo dice claramente, sino de un antecesor común, y habla entonces de los protovertebrados. Eso está clarísimo; es decir, el transformismo, desde luego.
Lo que se dice ahora de que Ortega efectivamente distingue el aspecto somático, el estrictamente biológico del hombre del aspecto psicosocial, espiritual, cultural, &c., es evidente. Allí es donde está la cuestión. Ortega lo que no admite es el darwinismo y el evolucionismo en este aspecto de la vida espiritual humana. A lo que yo me refería, y por eso creo que ahora queda más centrada esta discusión, al hablar del carácter anticuado de Ortega en este punto, no era a que yo esté defendiendo que hoy en día, en el nombre del materialismo cultural, por ejemplo, o cosas similares, el componente o la estructura psicosocial, como se ha dicho, o cultural, o espiritual del hombre pueda explicarse simplemente en términos reductivistas. No estoy diciendo esto. Estoy diciendo que, a lo que yo conozco, entre todas las doctrinas antropológicas más ortodoxas, más canónicas, eliminando teorías que hay actualmente y que están muy de actualidad, por supuesto antidarwinistas, principalmente la teoría de los extraterrestres por un lado, y en segundo lugar la teoría del hombre reptiliano, que se cita como una pura curiosidad, la doctrina casi oficial, diríamos, es la doctrina de la línea que sabemos a partir del Australopithecus, &c. Y entonces esta doctrina elimina completamente la posibilidad, me parece a mí, de considerar como accidental esa indeterminación que Ortega planteaba, que sea indiferente para la cultura. Por supuesto, ello dentro de la tesis de que Ortega es transformista.
A mí me parece, sencillamente, que es preciso recurrir a la cuestión del eslabón intermedio. Además, lo dice Ortega con toda precisión, es lo que permite sostener que haya antecedentes comunes. Pero, ¿hasta dónde se remonta exactamente? Porque ésta es toda la cuestión del racismo, toda la cuestión del carácter. Precisamente en esta discusión Ortega, ahora me acuerdo, interpreta esto en el sentido de que el hombre se caracterizaría por un conservatismo extraordinario, por una fijeza de estructuras prácticamente invariables que hace que, mientras las demás especies animales o géneros van evolucionando, el prototipo del hombre se mantenga prácticamente hasta nuestros días. Incluso me puedo acordar de la mención de la mano como el primer logro del protohombre, anteriormente al pie, a la estación vertical, &c. Y en todos estos sentidos Ortega está tratando de remontar según una doctrina que tiene además una filiación ideológica muy clara, porque fue la doctrina de los nazis, sencillamente. Tal doctrina estaba al mismo tiempo en relación, como es bien sabido, con los orígenes zoológicos del hombre y con el problema del racismo. Es la cuestión de la polémica del hombre de Steinheim, &c. Es lo mismo que se planteó cuando apareció el hombre de Neandertal. Es decir, que la cuestión yo creo que es ideológicamente bastante clara. La polémica del tiempo del hombre de Steinheim por los años treinta –1931 o 1932, me parece que es la fecha del descubrimiento del hombre de Steinheim– es exactamente lo mismo, es decir, la pregunta acerca de si los hombres actuales proceden realmente del hombre de Neandertal o bien habría unos precursores neandertales, &c., &c. Nadie negaba que los hombres actuales procedían de otros especímenes anteriores. Pero, ¿cuáles son éstos? Lo que yo quería decir es que determinar en qué punto del eslabón de la cadena aparece el Homo sapiens sapiens no es una cuestión accidental, no es una cuestión que dé lo mismo a la cultura general, como dice Ortega. Hoy día, yo creo que hay que decir que es totalmente esencial, aun dentro, por supuesto, del convenio común de que efectivamente el hombre procede de un transformismo, &c. En cuanto a que no es la parte psicosocial la que evoluciona, en eso estoy de acuerdo. Eso es lo que quería decir.
Gonzalo Manuel Villagra Alonso.– [I.N.B. de Aller] Yo no sé si lo que el profesor Llaneza pretendía decir es que el Ortega filósofo surge como consecuencia de una ciencia en que, por ejemplo en física, con el principio de incertidumbre de Heisenberg, o la mecánica cuántica, o el vuelco que dio Einstein al cosmos, predomina mucho más el relativismo…
Luis Jesús Llaneza González.– No, no, yo no he querido decir en ningún caso eso…
Gonzalo Manuel Villagra Alonso.– No, es que todavía no acabé. [RISAS].
Luis Jesús Llaneza González.– Lo único que dije es que Ortega, como cualquier intelectual, aprovecha los conocimientos científicos que tiene cuando inciden en ideas y perspectivas de su filosofía. Entonces aprovecha conocimientos biológicos, aprovecha conocimientos físicos… Eso era lo que quería decir, simplemente. Evidentemente, los criterios fundamentales de cualquier filósofo son filosóficos. Ahora bien, en apoyatura de esos criterios filosóficos utiliza cualquier tipo de conocimientos, como tú, cuando estás en un examen y se te plantea un problema, no utilizas a lo mejor conocimientos de esa asignatura simplemente, sino que para el análisis del problema consideras todas las circunstancias, todas las peculiaridades y todos los datos que puedes recoger para resolverlo, puesto que tu problema es resolverlo. Un filósofo, cuando tiene una cuestión ante sí, su problema es resolverla, y entonces para ello utiliza todos sus recursos. Ortega decía que utilizaba todos los conocimientos científicos incidentes en sus presupuestos filosóficos. Eso era lo que decía.
Gonzalo Manuel Villagra Alonso.– No, si yo no digo que no sea así. Lo que digo es si no sería que en torno a Ortega se mueve la aleatoriedad, la relatividad, la duda, el “mar de dudas” del que hablaba esta mañana el profesor Álvarez Turienzo.
Luis Jesús Llaneza González.– Vamos a ver. Ortega en física, por el rastreo –en este caso es una palabra bastante exacta– que hice de sus documentos escritos, que son los únicos elementos de juicio que puedo tener yo, a falta de esa biografía que no me canso en reiterar como imprescindible, y por el análisis de algunos tratadistas, tenía unos conocimientos muy profundos. Y adaptó esos conocimientos físicos, cuando los necesitó, como cualquier persona inteligente, para desarrollar una teoría filosófica. Vamos a ver si pongo un ejemplo que lo aclare. A lo mejor ese relativismo de Ortega está influenciado por los valores físicos del conocimiento de la teoría de la relatividad. Yo personalmente discrepo totalmente de Julián Marías, y sigo creyendo que el concepto de circunstancia de Ortega es totalmente distinto antes y después de conocer a Von Uexküll, por ejemplo. O sea que entonces tiene significado el conocimiento que le aporta un científico o el conocimiento que él capta del trabajo de un científico, para su propia obra. Pero la obra es suya. El significado que tiene es, por tanto, indirecto: es la influencia que ejerce cualquier conocimiento sobre una persona. En una palabra: nosotros, cualquiera de nosotros, siempre tenemos unas fuentes que utilizamos, y cuando una persona está elaborando conocimiento, directa o indirectamente está recogiendo el conocimiento que ha recogido en sus fuentes. Me parece que es una cosa muy clara, porque nadie sabe por generación espontánea, sino que recoge unos saberes adquiridos a los cuales amolda sus criterios fundamentales, los transmuta y hace unidad completamente distinta. Pero tiene un presupuesto, unas bases iniciales, porque si no las tiene no puede elaborar. Del vacío no es posible elaborar nada.
Gonzalo Manuel Villagra Alonso.– Gracias.
José Vicente Peña Calvo.– Un poco en la línea de esta última intervención, apoyando la tesis de que quizá Ortega no nadase tanto en el “mar de dudas” en relación con la ciencia, quiero destacar que en En torno a Galileo, cuando trata de interpretar lo que Galileo hace cuando enfoca su telescopio y descubre la luna, sus cráteres, &c., muy en contra de Popper y algunos popperianos del momento, al elaborar Ortega su concepto de experiencia considera que no es la simple experiencia la que da el conocimiento, sino que la experiencia tiene que ser interpretada dentro de un marco teórico, tiene que ser una experiencia valorada, &c. Ortega piensa que no se puede hacer ciencia sin tener una teoría detrás. Y mucho me temo que sin tener unos presupuestos filosóficos. Y yo estaría de acuerdo con Luis Jesús cuando habla de evolución del propio perspectivismo de Ortega, y lo estudiaría en relación con Pérez de Ayala, que está influido por Ortega, viendo cómo ese perspectivismo ha evolucionado quizá a la larga, como un poco veía Álvarez Turienzo, en su propia concepción filosófica. El “mar de dudas” lo vería más al final de su vida que al principio. Quizá en los años veinte al treinta y cinco no lo vería tanto como al final.
Luis Jesús Llaneza González.– En ese sentido yo quiero añadir sólo una pequeña acotación: las tres primeras fases del pensamiento de Ortega determinadas por Ferrater Mora son muy significativas. Hasta el punto de que verdaderamente nos establece un hombre en agraz con grandes posibilidades, con grandes capacidades; un hombre que empieza a adquirir una gran perspectiva de la vida y después el hombre hecho ya, con un conocimiento propio, filosófico, formado. Para mí eso es clarísimo. El último Ortega no es, por tanto, ni de lejos, el primero. Hasta sus preocupaciones son totalmente distintas, como yo he querido dejar reseñado en la charla.
Saturnino Álvarez Turienzo.– ¿Me permite una observación? Yo creo que lo raro hubiera sido que Ortega se hubiera proclamado darwinista. La ciencia es una acumulación de conocimientos e información positiva sobre la realidad, y por ahí puede seguir adelante el darwinismo. Pero los presupuestos filosóficos que hay que tomar en consideración en relación a interpretar todo el fenómeno humano, no tienen más remedio que dejar eso confinado dentro del positivismo, en el cual, efectivamente, es posible el progresismo indefinido, &c., &c. En fin, todas las nociones que venían del siglo XIX frente a las cuales muestra Ortega una reserva extraordinaria, porque no quiere embarcarse en ese camino. En relación con el futuro humano, con el fenómeno humano, con la vida, sobre todo tal como la entiende en su período más maduro, no solamente el hombre tiene que progresar, sino que puede regresar, y puede ser que el futuro que nos espera sea el antropoide. Eso lo dice Ortega en textos perfectamente claros que tenía recogidos esta mañana y que no hubo ocasión de desarrollar. Por tanto, pensar que para Ortega y Gasset el futuro del hombre es una utopía de un transhombre, o aquel mundo, para el que también tiene textos, impregnado de hombre de tal manera que podamos recorrerlo como ahora recorremos nuestra propia intimidad, esto es una extrapolación: una posibilidad que se le ofrece al hombre, pero como utopía. La realidad puede ser que sea la contraria: la vuelta del hombre al antropoide. Y esto es situarse en su pensamiento. Aceptar el darwinismo íntegramente es rechazar todo el pensamiento de Ortega, rechazar todo lo que era su filosofía.
Vicente Muñoz Delgado.– Yo quisiera indicar brevemente que en la cultura de Ortega y la de los autores españoles hay que tener en cuenta también las promociones que hizo en la Revista de Occidente y en la Editorial Revista de Occidente. Por ejemplo, me parece que se edita ahí alguna obra traducida por Blas Cabrera y otras cosas de ciencia; y también lo publicado en Espasa-Calpe. Por tanto, para hablar de la cultura científica de Ortega hay que tener en cuenta esas promociones culturales a través de sus editoriales y a través de la Revista de Occidente, donde se publican cosas muy importantes de ciencia.
Un participante.– Dado que parece que las relaciones de Ortega con los científicos de la época no fueron muy entrañables, según acaban de decir, ¿estuvo realmente Ortega identificado con la ideología de los componentes de la generación del 98?
Luis Jesús Llaneza González.– Aunque yo no soy el más indicado para responderle, debo decirle que sí, totalmente identificado en sus presupuestos con la generación del 98, en su primer período por lo menos, aunque después tuviera grandes discrepancias con algunos personajes significados del grupo. Vamos a matizar un poco más. En lo que a objetivos generales se refiere, Ortega estuvo totalmente identificado con ellos. Posteriormente los criterios que mantenía de gran admiración, por ejemplo, hacia Unamuno, se convirtieron en temas polémicos, totalmente discrepantes. Con respecto a Maeztu, con el cual también tenía una gran amistad, tuvo también después graves diferencias, &c. Pero planteado el objetivo fundamental de la primera época de Ortega, que es la preocupación por España, sobre todo hasta la segunda década de este siglo, esa es una necesidad y un problema común con toda la generación del 98. Claro, es una pregunta muy compleja para responder que sí o que no; pero, simplificando, podemos decir que en cuanto a objetivos generales estuvo plenamente identificado. Después, en los aspectos personales y en las concepciones concretas de cómo llegar a las soluciones, eso ya es un problema distinto.
Conversaciones sobre Ortega. Actas de las I Jornadas Culturales de Aller, edición preparada por Ana Esther Velázquez Fernández & Belinda Álvarez Álvarez. Temas Alleranos I, Instituto Nacional de Bachillerato “Príncipe de Asturias”, Moreda de Aller, Marzo 1983, páginas 234-242.
(Se ha salvado la errata de los editores al transcribir el nombre de Hermann Klaatsch [1863-1916], citado por Bueno.)
Fundación Gustavo Bueno