logo Fundación Gustavo BuenoFundación Gustavo Bueno

Teselas

Solidaridad

Gustavo Bueno ofrece una crítica a la idea general de Solidaridad en sentido armónico, que ha ido sustituyendo al concepto de fraternidad que era constitutivo de la triada revolucionaria, y la califica como idea metafísica, oscura y confusa. Esboza un concepto dialéctico de solidaridad, que implica precisamente la insolidaridad.


Gustavo Bueno, Solidaridad

Tesela nº 3 (Oviedo, 2 de diciembre de 2009)

Transcripción de la tesela de Gustavo Bueno, Solidaridad

Vamos a hablar de la idea de solidaridad, idea que, como es bien sabido, está en un estado de ascenso constante, que ya empezó hace muchos años (más de un siglo, por supuesto), pero que, en nuestros días, ya se ha convertido en una especie de idea-fuerza, de valor supremo, y se ha sustantivado (es decir, la “solidaridad” ya es solidaridad, y el adjetivo “solidario”, como si por sí mismos tuvieran sentido, y además el sentido de un valor absoluto).

Por ejemplo, todo el mundo ve, por televisión, un anuncio que hace unas semanas está sin cesar de aparecer, sobre los “bolígrafos solidarios”... Claro, uno sinceramente no se sabe lo que quiere decir. Por supuesto, “bomberos solidarios”, y mil cosas de ese tipo. Entonces la solidaridad resulta que se utiliza, hoy, de un modo completamente indeterminado, indefinido. El otro ejemplo también recientísimo es el de la “acción solidaria”, esta ONG catalana de la que han sido secuestrados en Mauritania tres de sus miembros [se refiere a Barcelona Acció Solidària (BAS)]. Acción solidaria, claro, la solidaridad parece que lo dice todo. Y además la solidaridad está considerada, yo creo, como una expresión de supremo valor: por encima de él no hay nada, y todo se justifica por la solidaridad.

Ahora bien, esta solidaridad, tal como se utiliza (es lo que yo quería empezar subrayando), es una idea indefinida y metafísica, para decirlo rápidamente. Que parece inocente, pero no lo es. A mi juicio, es una idea confusa y oscura, con todos los peligros que esto entraña, como trataremos de ver rapidísimamente.

Dos palabras acerca de la definición brevísima de solidaridad que vamos a utilizar. La idea que supondremos es la idea de que solidaridad no es una idea armónica, metafísica, sino que es dialéctica. Es decir, la solidaridad va siempre reducida, o referida, a un grupo, más o menos extenso. Y este grupo es solidario, no en sí mismo, sino en cuanto se opone a terceros grupos, o personas, o lo que fuera. Es decir, la solidaridad es siempre, por tanto, dialéctica. Ocurre con la solidaridad como ocurre con el concepto de ideología. La ideología, desde su condición neutra, indefinida, armónica, o simplemente psicológica (tal como luego apareció en Destutt de Tracy), se convirtió, precisamente por obra de Marx, en su tesis doctoral... la ideología como un conjunto de ideas arraigadas en el pueblo, pero que van dirigidas frente a otros grupos. Este mismo mecanismo dialéctico es el que aplicamos aquí a la solidaridad. La solidaridad sería siempre solidaridad de un grupo, frente a otro grupo.

Además, esta concepción de la solidaridad es totalmente clásica; precisamente lo más tradicional que hay, porque el concepto de solidaridad es un concepto jurídico, que está en el derecho romano, y por supuesto en los códigos civiles del derecho español, francés, &c., en donde la solidaridad es un capítulo del tratado de las obligaciones, y las obligaciones mancomunadas de un grupo mancomunado pueden ser o bien simplemente libres o solidarias. Y solidarias son, precisamente, cuando son contra terceros (por ejemplo, los acreedores contra los deudores, o los deudores contra los acreedores, &c.). De manera que el fundamento jurídico de la idea de solidaridad, del derecho romano, es éste.

Y este fundamento jurídico, esta solidaridad en sentido jurídico, fue precisamente la que utilizó Pierre Lerroux, hacia 1860, para “transformar”, como dijo él, para tomar, del vocabulario jurídico, una idea filosófica, que es la que él expresó como idea de solidaridad. Es decir, la solidaridad fue una idea, tal como la utilizamos hoy, que propuso Lerroux, y que se extendió como la pólvora en un ambiente ya muy preparado por el positivismo de Comte y otras muchas cosas. Y esta solidaridad es justamente esto: es la solidaridad armónica, la solidaridad de todos los hombres, que él además contrapuso a la idea de caridad, e incluso a la idea de fraternidad.

De manera que la solidaridad fue asumida inmediatamente por el socialismo, y, concretamente, la solidaridad fue también idea central en movimientos krausistas, e incluso anarquistas. Y en los krausistas es muy interesante ver que, así como la fraternidad tendía a extenderse hacia los simios (el proyecto prosimio, puesto que también somos descendientes del mismo tronco), en cambio la solidaridad tendió a extenderse hacia los espíritus, hacia el espiritismo. Y es muy curioso considerar cómo la idea de solidaridad fue, sobre todo, no digo exclusivamente, pero ampliamente desarrollada por espiritistas, que al mismo tiempo eran krausistas.

Las principales críticas, o el tipo de críticas que habríamos de hacer sobre la solidaridad serían de este tipo: que la solidaridad es una idea en sentido armónico, es una idea metafísica y confusa, porque encubre, falsifica y confunde la realidad de las cosas. Por ejemplo, la solidaridad encubre la idea, precisamente, de que la solidaridad va siempre contra otros. La solidaridad de un grupo determinado, por ejemplo, la solidaridad de los miembros de un holding, o simplemente la solidaridad de un grupo político, va siempre dirigida contra otro grupo político (la solidaridad de un frente popular, por poner ejemplos españoles, o de una coalición de partidos, pongamos por caso, la solidaridad de quienes se solidarizaron en el pacto del Tinell, relativamente reciente, va siempre contra otros partidos, &c.).

La solidaridad, además, entendida como cuestión general, llega a extremos ridículos, como aquella situación que se planteó en Francia hacia los años 30 del siglo XIX, en donde se llegó a planificar, en nombre de la solidaridad, unos vestidos con chalecos abotonados hacia atrás para que cada cual, cuando iba a abotonarse, tuviera que recurrir a la solidaridad de los prójimos.

Entonces, la solidaridad es siempre función de alguien contra alguien, la solidaridad es una virtud sobre todo moral, más que política, y desde luego no es una condición ética, porque muchas veces va contra la ética: la solidaridad de un grupo obliga muchas veces a ir contra la ética, a terceras personas.

Este tipo de críticas haríamos, y concluiríamos diciendo simplemente que la solidaridad, como idea, como ejemplo, como valor supremo o canon, debería ser sustituida por un principio de antisolidaridad. Es decir, ¿quién va a ser solidario con los solidarios de ETA (puesto que la solidaridad se hace solidaria frente a otra solidaridad)? ¿Quién va a ser solidario con la solidaridad de la Yihad, con todos los musulmanes solidarios? Es decir, la solidaridad es siempre un concepto dialéctico, y por tanto implica la insolidaridad.

Proyecto para una trituración de la Idea general de Solidaridad (El Catoblepas, nº 26, abril 2004)

Ideologías democráticas vinculadas a los principios de la Gran Revolución (Diccionario filosófico)