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Teselas

Ética y moral

Gustavo Bueno expone brevemente la distinción que desde el materialismo filosófico se hace entre la ética y la moral.


Gustavo Bueno, Ética y moral

Tesela nº 2 (Oviedo, 30 de noviembre de 2009)

Transcripción de la tesela de Gustavo Bueno, Ética y moral

Vamos a establecer una distinción entre dos términos muy comunes y en boca de todos, que son los términos de ética y moral. Todo el mundo utiliza estos términos, y además cree saber perfectamente lo que dice. Sin embargo, no es tan claro que esto sea así.

Empezando por la ética... La ética, efectivamente, tal como se utiliza en España hoy día y en otros países, es un término muy vago en su significado, que muchos sobreentienden más o menos por oposición al Derecho. Se suele decir, “yo obro éticamente”, “hay que obrar éticamente”. Con esto quieren decir, por ejemplo, que yo obro, o voy a obrar, buscando el bien, no el interés, y además obro libremente según mi conciencia, por ejemplo, y buscando el bien, según los principios de que el bien debe ser hecho y el mal debe ser evitado. Pero claro, esto es muy vago, porque, ¿qué es eso de “el bien”, que “el bien debe ser hecho”? El bien depende de cada caso; no ya de cada opinión, sino que muchas veces el bien de unos es el mal para otros. En el caso de una guerra, ¿qué es el bien? ¿Alistarse al ejército del propio país, o bien alistarse al del enemigo, en cuyo caso se hace traición? El bien de uno es el mal del otro. Entonces ahí el bien no tiene mucho sentido. Decir “yo obro éticamente porque busco el bien” no tiene ni pies ni cabeza, en general; son palabras tan vagas y tan indeterminadas, con distintos sentidos, que no definen nada.

Otro tanto (o lo mismo) pasa cuando se define por la conciencia. “Busco mi conciencia”, “yo obro según mi conciencia”; es decir, yo obro no por coacción exterior, o buscando intereses, o buscando placeres, o lo que fuera, sino simplemente lo que me dice mi conciencia, aunque me oponga a cualquier otro interés o coacción o presión. Ahora bien, mi conciencia, así dicha, es un concepto puramente psicológico, de una conciencia totalmente variable, y cada cual puede tener dictados de su conciencia distintos completamente de los de su vecino. Mi conciencia me puede hacer creer, o me puede inspirar a decir, que tengo que votar a un tirano; es el caso de las elecciones famosas de Hitler en el año 33: la conciencia de los ciudadanos alemanes les llevaba a votar a Hitler, y la conciencia de Hitler le llevaba a matar a los judíos, porque era su imperativo categórico. Entonces, naturalmente, las conciencias subjetivas no son criterio de verdad, o de bondad, o de ética. Cuando se habla de conciencia, se habla de una conciencia objetiva, es decir, que tiene que ser razonada, &c.

Por tanto, el definir la ética por la conciencia o por el bien es puro formalismo ético, que más o menos viene a ser, cuando se contrapone ética con coacción externa, la definición que dio Kant entre el imperativo categórico y la coacción, la autonomía y la heteronomía: “la conciencia ética es autónoma porque me lo dice mi propia conciencia”. Pero decimos que esta propia conciencia no es nada.

Esta conciencia está refutada, principalmente, por el libro famoso de Max Scheler El formalismo en la ética y la ética material de los valores. Es decir, la ética material de los valores: por eso se llama materialista. Hay unos valores, decía Max Scheler, que están por encima de la conciencia de cada cual.

Otros definen la ética (es una definición muy corriente, más bien entre especialistas, pero también muy generalizada) como un libro. Por ejemplo, la ética es el libro de ética de la Ética a Nicómaco de Aristóteles o la Ética de Espinosa. Esta definición también es clásica: el propio Covarrubias, en el Tesoro de la Lengua, dice que ética es “la parte de la filosofía moral”. Por tanto, la ética aparece aquí como una doctrina que está en un libro. Pero claro, esta definición de ética, cuando se pregunta “¿bueno, entonces de qué trata la ética?”... Porque decir que la ética es un libro, es hacer como hacía Eddington en una definición famosa de física, en los años 30, en las discusiones tremendas sobre qué trataba la física: si trataba de los fenómenos, de la materia, de los observables... Entonces Eddington ofreció la siguiente definición, humorística en cierto modo: “Física es todo lo que se contiene en el Tratado de Física”. Esta definición de ética es parecida: “¿Qué es ética? Pues todo aquello de lo que se trata en el Tratado de Ética”. Pero con esto no hacemos más que subrogar la definición, y no definimos nada.

Pero lo más peligroso de esta definición de ética, que está muy de moda, sobre todo en España actualmente, con Aranguren y sus discípulos, esta definición de ética es todavía más peligrosa, porque cuando se pregunta o se repregunta “bueno, ¿y de qué trata la ética?”, la respuesta que suelen dar es la siguiente: “la ética es el tratado de la moral”. Con lo cual, se confunde totalmente la ética con la moral, y se sugiere que el profesor de ética, o el autor de libros de ética, es el que verdaderamente tiene la conciencia de la ética, y los que la cumplen, moralmente, simplemente la cumplen sin saber lo que hacen; son los tratadistas de la moral los que pueden dar noción de lo que es la ética. Y esto es muy grave, porque supone el monopolio de la llamada comunidad ética.

La definición que nosotros damos de ética tiene que ver, no ya por el origen de la fuerza de obligar o el origen de las normas (si es mi conciencia, si es el bien o lo que fuera), sino por el objeto de esas normas. Y entonces, la distinción entre ética y moral corresponde, más o menos, con la etimología de las expresiones, teniendo en cuenta que la palabra moral fue una traducción, de algún modo, que Cicerón dio a la palabra griega ethos (ἦθος), de donde viene la etología, disciplina actual. Cicerón dijo: “la moral, que es lo que los griegos llaman ética”. Y entonces esta ética se refiere más bien a los aspectos que tienen que ver con el individuo, mientras que la moral tiene que ver más bien con los aspectos que tienen que ver con el grupo al cual pertenece el individuo; mos, moris en latín es “costumbres”.

La ética la definimos entonces como el conjunto de normas que tienen por objeto salvaguardar, fortalecer y preservar la vida de los individuos corpóreos, mientras que la moral tiene por objeto salvaguardar, proteger, &c., la vida del grupo como tal grupo.

En general, o muy frecuentemente, las normas éticas y las normas morales intersectan, es decir, son comunes. Pero muchas veces están en conflicto, y las normas éticas mandan cosas distintas de lo que mandan las normas morales.

Y hay un conflicto de valores que demuestra que la ética y la moral son órdenes diferentes. Un ejemplo: en el caso de la vendetta (una institución llamada “la venganza” en Sicilia, y en España también), cuando un clan o un grupo siente una ofensa, por ejemplo, porque ha sido asesinado uno de sus miembros, entonces la ofensa es al grupo, y el grupo como tal se defiende matando o asesinando a los del otro clan, y no al individuo; es el clan el que es responsable. Esto está prohibido por la ética, porque la ética tiende a proteger al individuo. Y sin embargo, no es que sea superior la ética a la moral (en principio), sino que la ética y la moral son, sencillamente, normas contradictorias, en muchas ocasiones, pero que sin embargo tienen una fuerza de obligar, proporcional, a cada uno de los individuos y a donde pertenezca: al individuo o al grupo.

Ética y moral y derecho (lectura primera de El sentido de la vida, 1996)

Etica / Moral (Diccionario filosófico)